martes, 17 de diciembre de 2013




¡Oye! No ayudes a enterrar mi amor,
no les acompañes en sus risas,
no cruces la línea que separa la frialdad del dolor.

¡Oye! No des pie a que registren nuestros recuerdos,
que no averigüen como amanecía el sol,
no les cuentes de nuestros sueños ni desacuerdos.

¡Oye! Solo diles que mi ausencia se debió a fuertes vientos
que marchitaron rincones abisales tan profundos…
como dos corazones heridos de sentimientos.

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