jueves, 28 de septiembre de 2017

Ciertamente soy culpable,
responsable de ese rostro demacrado
por los llantos que no cicatrizan
los lamentos del tiempo desgarrado.

Que no me perdonen el dolor ocasionado,
guárdenlo en las cámaras del infierno,
como se guardan las estrellas
en las noches frías de invierno.

No renuncio a este silencio amargo,
me consumen los pesares a cada momento,
y aunque busco con ahínco mi pecado…
agoto mi paz interna entre el miedo y el tormento.

Maldigo el juicio de los perversos
por multiplicar sin motivo mis heridas,
porque de lo único que soy culpable
es de vivir apasionadamente mis días.

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