miércoles, 1 de noviembre de 2017


ENTREGADO A LA CAUSA

¡Qué desmantelada queda la alegría

cuando el sepulturero entierra la luz,

cuando la dúctil gracia se malcría

y el hombre oculta la cabeza como el avestruz!



            ¡Qué desesperado celo cuando el amor no es mío,

cuando la vida se va por un tragaluz,

cuando el recuerdo baja de categoría

y tu ausencia es una maldita cruz!



Ahora que esta lápida señala mi presencia,

quiero ser yo, mi enemigo íntimo,

quien se olvide de la frígida coherencia

y deje encima de la losa lo que más estimo.

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