domingo, 15 de julio de 2012


Escuchad atentamente mis palabras,
dadme siquiera este consuelo,
tolerad que hable,
¿es de un hombre de quien yo me quejo?
¿o del reptil convertido en hombre?

Maldigo al que vomita riqueza dulcificando la maldad bajo su lengua,
maldigo al que para reparar un daño devora todo lo que hay a su alrededor,
maldigo al orador que desde lo alto del pulpito reprime la libertad de los sentidos,
maldigo al hambre y al tirano, al frustrado,
maldigo las fosas comunes y al ídolo de barro, las lenguas de doble filo, al inhumano…
maldigo a los desahogados.

Separar la paja del grano, es el respiro del alma de los vejados.

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