martes, 22 de agosto de 2017

Extinguido, el cuerpo se hace ceniza,
nuestro nombre caerá en el olvido,
el espíritu se disipará en el aire,
quedará de él un recuerdo desvalido.

Nadie tendrá memoria de su obra,
aunque le bañen de oro la mortaja,
le cubran la losa de guirnaldas
y su epitafio brille como alhajas.

Porque es destino del hombre
agarrarse fuerte a su suerte,
y nacer es el primer paso del
camino sin retorno hacia la muerte.

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