domingo, 16 de febrero de 2014

Al maldito bastardo de Ministro de justicia:

“Sr. Gallardón, vengo a confesarle algo: voy a abortar. Soy una joven de veintidós años, recién licenciada, que se ha quedado embarazada. Créame que esto no estaba entre mis planes, quizá sea un designio divino de esos que ustedes legitiman fanáticamente. Voy a abortar por su culpa y por la de toda su “santa estirpe”.
Sí, es por vosotros y ahora les explicaré porqué.
No es tarea fácil ni plato de buen gusto para ninguna mujer tomar esa difícil decisión, no somos conejos, pero tampoco asesinas. Somos gente normal a la que criminalizan siendo ustedes los mayores pecadores que nos ha dado la historia, herederos del franquismo y de la España más rancia. Esa España que ustedes los “patriotas” destruyen cada día, esa España que va de la mano de una de las instituciones más hipócritas y dañinas que conozco, la Iglesia. La misma que usa a su propio Dios en contra de los más débiles, la misma que dice hablar en nombre del salvador mientras os llenáis los bolsillos con billetes y votos.
Voy a abortar, Sr. Ministro, porque ustedes nos obligan a vivir en un continuo “sindestino”, dónde ya no hay destello de luz en los ojos de la juventud cuando hablamos de futuro, ni tampoco esperanza. ¿Cómo podría mantener yo a mi “futuro bebé” si no puedo mantenerme a mí misma, si mis padres, currantes dónde los haya (no sé si sabe a lo que me refiero) llevan toda la vida trabajando y ahora sobreviven con una ridícula pensión? ¿Cómo podría cuidar de mi niño como se merece si ni siquiera puedo cuidar de mi misma y llegar a fin de mes, si tengo que marchar de mi hogar y emprender el viaje lo más lejos posible de este país carente de derechos y libertades?, dime, ¿cómo puedo hacerme cargo de él si mi situación me obliga a seguir siendo una adolescente dependiente?
Voy a abortar Sr. Gallardón, para que mi “futuro bebé” no conozca que uno de cada tres niños en España vive en situación de riesgo de extrema pobreza, para que no perciba la sensación de tener hambre, para que no forme parte de la mentira del sistema capitalista opresor, ni vea vuestros caretos muertos de risa mientras el pueblo sufre y muere. Voy a abortar por su culpa, farsante puritano, y en otras circunstancias, créeme que no lo haría, ya que siento un enorme dolor e impotencia.
Es una decisión tomada tras una larga y dura reflexión. Y ahora sé que no es egoísta, ni corresponde a ningún tipo de delito. Sois ustedes los inmorales que señalan con el dedo a las víctimas por sus prejuicios religiosos, los verdugos que empuñan el arma y no dejan huella, solo rastro de dolor y cinismo. Aquellos que exponen al riesgo y al peligro a miles de mujeres que se verán obligadas a provocarse los abortos con hierbas naturales y otros métodos peligrosos, a ir a centros clandestinos en condiciones insalubres envueltas en el anonimato y sumergidas en una culpa que nadie merece.
Le aseguraré algo que quizá aún no sepa, Sr. Gallardón, con su ley no evitará los abortos, aumentará las muertes de mujeres a las que previamente les ha anulado su capacidad de decisión y confiscado su libertad personal, esa que tanto tiempo ha costado conseguir a nuestros mayores.
Hace más de 70 años, Federica Montseny, ministra de sanidad durante la II República Española ya expuso una cruel realidad, que por desgracia, si se aprueba su misógina ley, volverá a estar de actualidad: “las víctimas son las mujeres pobres, ya que las ricas pueden ir tranquilamente a Inglaterra, a Suiza o a otro país extranjero a liberarse de un embarazo inoportuno”. ¿Se piensa usted que somos tontas Sr.Ministro? ¿Piensa que no sabemos nada de la Historia, que por cierto, también pretenden ustedes destruir?
Voy a abortar Sr. Gallardón, ahora que aún tengo la posibilidad. No espero que me lea, ni que le quede cargo en su nula conciencia. Solo espero trasladar una realidad.
Y a todas las mujeres del mundo, unid vuestras fuerzas y apoyar a las españolas que a partir de ahora se expondrán a los peligros y la marginalidad por unos cuantos votos ideológicos. Mujeres, somos titulares de nuestros derechos e interrumpir o no nuestro embarazo es uno de ellos. Tenemos el poder de decisión sobre nuestro propio cuerpo y vida, y el Estado, supuesto representante del pueblo, lejos de auxiliar a sus ciudadanos toma medidas que los perjudica y encadena. No podemos permitir esto. No estamos solas.


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