domingo, 16 de diciembre de 2012

JODIDOS CON EL PARO

Entero pasó Abril, entero Mayo,
y sigues sin llamar, putón malayo,
y que te llame yo me lo has prohibido,
no sea que descuelgue tu marido.

¿Qué delicado ser se te ha esposado
que por mimarlo a él me das de lado?
Perdona, pero es un tanto injusto
que no le des ni el mínimo disgusto.

Y un día y otro día y otro día
soy víctima de tal sensiblería.
Si el timbre de mi voz le desagrada,
a mí también el suyo, no es por nada.

Maldito sea el paro y sus secuelas,
el siempre en el hogar y yo a dos velas.
Debería de hacer algo el gobierno,
sin ti mi primavera es un invierno.

Me faltan nuestras citas clandestinas
para que mi rosal dé más que espinas,
me apena que esos dos labios gozosos
los bese sólo el rey de los ociosos.

Y un día y otro día y otro día
soy víctima de tal melancolía...
tú llámame, mi amor, que estoy en vilo,
pendiente, telefónico de un hilo.

Puedes hacerlo a cobro revertido
si por la situación de ese marido,
ese acaparador, ese suertudo,
tenéis lo de la pasta un poco crudo.

Y si es hombre de bien dirá: qué suerte,
al menos la mujer se me divierte.
Pero temo que no, que no lo sea;
en paro la virtud se tambalea.

Y un día y otro día y otro día
soy víctima de tal economía.
Guardáis el corazón como oro en paño,
¡maldito sea el paro, cuánto daño!

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